Hace 7 años renuncié a mi empleo en Venezuela, y en este blog —y también en este audio, en este podcast— quiero contar un poco de lo que ha sido mi vida durante todo este trayecto. Quiero hablar de los aprendizajes, de las lecciones, con la intención de que en algún momento alguien pueda leer este blog o escuchar este podcast y que, de alguna manera, le sirva de ayuda.
Así como a mí me ha ayudado leer, escuchar y ver experiencias de otras personas —porque siempre algo se queda—, sé que a alguien le puede gustar y le puede servir mucho todo lo que tengo para decir y para ofrecer, desde mi experiencia y desde mi punto de vista.
No quiero hacerlo muy largo, así que trataré de resumirlo lo más posible para ir al punto.
Hace 7 años yo me gradué en Venezuela como técnico en computación. Luego hice unas pasantías con un amigo, donde aprendí desarrollo web. En ese entonces no era como ahora, que existe la inteligencia artificial; todo se hacía desde cero. Cada elemento, cada componente, absolutamente todo se construía manualmente. Era sumamente difícil y complejo desarrollar un sitio web. Hoy en día se puede hacer en cuestión de minutos, pero antes podía tomar meses.
A medida que iba aprendiendo y desarrollando mis conocimientos, fui adquiriendo mucha más experiencia. Éramos muy jóvenes; de hecho, mi jefe era apenas dos años mayor que yo. Teníamos muchas ganas de comernos el mundo, de emprender cosas nuevas, de hacer que todo funcionara. Pero así como teníamos esas ganas, también fallábamos mucho.
Llegué a un punto en el que sentí que le había dado todo lo que podía a la empresa. La empresa creció, pero yo me sentía estancado. Sabía que podía dar más, y fue ahí cuando tomé la decisión de renunciar.
Muchos se preguntarán: ¿por qué renunciar si te iba tan bien?
Y la verdad es que era complejo, porque yo no veía ese trabajo como un simple empleo. Para mí era como una casa, como un hogar. Me quedaba hasta tarde, muchas veces dormía ahí para avanzar con proyectos que debían entregarse. Lo disfrutaba. Además, la mayoría en la oficina éramos contemporáneos en edad; compartíamos risas, chistes y muy buenos momentos. Me sentía realmente cómodo.
Irme me dolió mucho, y no fue de la forma que yo hubiese querido, pero sabía que era lo correcto. En la vida siempre hay momentos en los que, por muy bien que estés en un lugar, sientes que hay algo más. Sientes que puedes dar más, y que tu ciclo en ese lugar ya terminó. Eso fue exactamente lo que me pasó.
También hay algo importante: yo era muy joven y quería ganar mucho más dinero del que estaba ganando. En ese momento ganaba un poco más del salario mínimo. Como estaba solo, me alcanzaba, pero sabía que a futuro ese dinero no sería suficiente. Entonces, por muy cómodo y feliz que estuviera, sabía que tenía que irme.
Después de varios meses de negociación con mi jefe para un aumento de salario, no llegamos a un acuerdo. Así que tomé la decisión de renunciar, dejando todos los proyectos pendientes terminados y saliendo de la mejor forma posible, como siempre he intentado hacerlo en todos mis trabajos, incluso cuando las cosas no han sido justas.
Renuncié y comencé a trabajar por mi cuenta. Fue muy difícil. Cuando uno está acostumbrado a un salario fijo y a cierta comodidad, ese espacio de incertidumbre es muy duro. Antes tenía un equipo; ahora todo dependía de mí.
Gracias a Dios conseguí dos clientes: uno en Colombia que pagaba en dólares y otro en Estados Unidos que también pagaba en dólares. Con esos dos proyectos estuve aproximadamente un año y me fue muy bien. Pero como todo proyecto, también tienen un final, y cuando terminan, también se termina el ingreso.
Después de eso, la situación en Venezuela se volvió muy complicada. Como trabajaba como freelancer, todo dependía de mí. Al principio podía lidiar con los problemas de agua, pero luego los cortes de electricidad se volvieron constantes. Llegó un punto en el que la luz se iba por una semana completa, regresaba un poco y se volvía a ir otra semana más. Era un caos total.
Cuando trabajas como freelancer tienes contratos y entregas por módulos, con fechas establecidas. Y cuando no cumples, es muy difícil explicarle eso al cliente, porque no es su culpa. Pero la situación se me escapaba completamente de las manos: no había internet, no había electricidad, no había forma de resolver.
Como consecuencia, ese proyecto terminó, porque no podía cumplir con los tiempos establecidos. a si fue como renuncié a mi empleo en Venezuela
Por ahora voy a dejar esta historia hasta aquí.
Más adelante continuaré con otro capítulo, donde contaré qué fue lo que hice después.






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